Conversaciones con Cobden a la hora del té
Por Elio Noé Salcedo
Aunque al parecer ya conocía las ideas del inglés antes de su visita a Barcelona (noviembre de 1846), en la que el empresario e ideólogo del libre comercio “tuvo los honores de un té, durante el cual debía serle yo presentado”, Sarmiento tuvo oportunidad de conversar con él “los dos solos toda la noche”.
“Contóme algunas de sus aventuras, de sus luchas -refiere Sarmiento en su carta desde Madrid a don Victorino Lastarria-; mostróme sus medios de acción, la estrategia de su palabra, los cuentecillos con que era preciso entretener al pueblo para que no se durmiera escuchando. Lamentóse de la casi insuperable dificultad que oponían las masas, por su incapacidad de comprender, por sus preocupaciones; dióme una tarjeta por si alcanzaba él a estar de regreso en Manchester (su lugar de residencia) a mi paso por aquella ciudad, y nos separamos sino en la puerta del hotel, quedando yo abrumado de dicha, abismado de tanta grandeza y tanta simplicidad; contemplando medios tan nobles y resultados tan gigantescos”.
¿En qué consistía la grandeza de Cobden, repudiado por los aristócratas ingleses y amado por la burguesía industrial en expansión de su país?